La
gente joven
Vivimos
en un mundo donde las apariencias son importantes, perdemos el tiempo en pensar
qué estarán diciendo de nosotros y apenas nos paramos a reflexionar sobre lo
que de verdad nos importa en la vida. Cada uno de nosotros somos
insustituibles, pero quizás nos dejemos llevar demasiado por la fuerza de un
gran grupo de masas como es la sociedad. Seguimos las modas, tenemos referentes
sociales y nos dejamos entusiasmar por las redes sociales o la nueva sociedad
de la información. Además, vivimos deprisa, sin pensar y nos falta práctica
para expresarnos oralmente.
Los
jóvenes sentimos la permanencia a un grupo. La necesidad de tener muchos
amigos, de salir, de divertirse. Somos seres sociables y por ello, sentimos el
instinto natural de estar en contacto con nuestros semejantes. Muchos de
nosotros compaginamos esto con los estudios, sin embargo, otros optan por no
enriquecerse con una formación intelectual y pasar horas y horas pegados a una
pantalla del televisor o chateando con gente que ni siquiera conocen. En este
sentido estamos perdiendo la esencia de la gente joven puesto que algunos quieren
vivir sin ataduras, sin obligaciones ni responsabilidades, y esto no es posible.
Así entramos en una espiral del conformismo, la vagueza y la pasividad. Lo que muchos no perciben es que en la gente
joven residen las nuevas generaciones. Aquí entra en juego el papel de la
educación, dándoles una capacidad a los niños para discernir lo que deben hacer
con su vida.

Debemos
comenzar en formarnos nosotros mismos aunque
la práctica no resulte tan fácil. Es complicado que en la sociedad
digital que vivimos actualmente no nos dejemos influenciar por un nuevo modelo
de móvil que han sacado o lo último en moda que lleven las ‘’celebrities’’. El empeño
está en conocer qué generaciones futuras son las que nos proceden y cómo
podemos abordar estos temas dentro de nuestras propias aulas (hablando desde la
docencia), sabiendo que la sociedad influye considerablemente.
Otro
de los grandes problemas es la no gestión del tiempo. Desde pequeños deberían
de enseñarnos a hacerlo, desde nuestros
padres hasta los propios profesores. Conforme nos vamos haciendo mayores y
llegamos a la universidad, nos falta tiempo para el estudio y nos sobra para
perder el tiempo. Es cierto que la práctica hace la experiencia, es decir,
muchos de nosotros comenzamos la universidad con incertidumbre, sin saber cómo
nos iban a ir los estudios y con cierto temor al fracaso. Sin embargo, conforme
vamos ganando experiencia, vamos aumentando nuestra madurez y nuestra capacidad
para sobrellevar los imprevistos. Esto también se refleja en la vida cotidiana.
Una persona que no es capaz de gestionar su tiempo tampoco es capaz de vivir sin
presión. Cuántas veces nos habremos arrepentido de no haber hecho las cosas
cuando correspondía y hemos perdido grandes oportunidades.
Para
concluir quiero destacar que la formación de los jóvenes es un campo abierto en
el que se debería de invertir. La falta de oportunidades hace que muchos
desechen la idea de estudiar y opten por el camino más cómodo. ¿Y si nos
planteamos no vivir tan acelerados y nos paramos a pensar en lo que queremos
para nuestro futuro sin pensar en lo que opinen los demás?